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Darle nalgadas a un niño para reprenderlo podría provocarle daños a largo plazo
Darle nalgadas a un niño para reprenderlo podría provocarle daños a largo plazo

Mayo 1 del 2016.- Un grupo de expertos de las universidades de Texas y Michigan, Estados Unidos realizaron un análisis en base a datos de las últimas cinco décadas para determinar las consecuencias del castigo físico en los niños. Concluyeron que reprender a los más pequeños de la casa, incluso con un par de nalgadas, es inefectivo y realmente dañino para su edad adulta.

Aunque se trate del siglo XXI, sorprende que millones de niños continúan recibiendo este castigo en todo el mundo. Es triste y lamentable que aún con las investigaciones que comprueban científicamente que este método no es el adecuado para corregir a los pequeños, los padres siguen haciéndolo, explica Elizabeth Gershoff, profesora asociada de Ciencias de la Familia y de Desarrollo Humano de la Universidad de Texas.

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“En nuestro estudio se observó a más de 160 mil niños, y se centra en lo que la mayoría de los estadounidenses reconocería como nalgadas y no comportamientos potencialmente abusivos”, apuntó la experta.

Andrew Grogan Kaylor, coautor del estudio y profesor de la Escuela de Trabajo Social de la Universidad de Michigan, expresó: “La conclusión del análisis es que los azotes aumentan la probabilidad de una amplia variedad de resultados no deseados para los niños. Las nalgadas, por lo tanto, producen lo contrario de lo que los padres por lo general desean que hagan”, aseguró.

El artículo publicado en el Journal of Family Psychology señala que la principal conclusión de los investigadores sobre este tema es que, “los niños que reciben golpes como castigo no se comportan mejor, sino al contrario, ya que tienden a desafiar más a sus padres, ser agresivos e incluso tener problemas cognitivos, entre muchas otras consecuencias”.

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Gershoff y Grogan, los dos principales autores de la investigación, también concluyeron que por leve que sean las nalgadas, los menores que las recibían presentaban comportamientos y problemas similares a los de pequeños seriamente abusados.
Pueden ser leves y no dejar marcas físicas, pero las nalgadas si son consideradas por los niños como una agresión y su mente las reconoce como tal; pese a ello, el 80 % de los padres a nivel mundial utiliza castigos físicos en sus hijos, según estudio realizado por la UNICEF en 2014.

Los autores mencionan otras consecuencias derivadas de este tipo de castigos:

  • Paraliza la iniciativa del niño, bloqueando su comportamiento y limitando su capacidad para resolver problemas.
  • No fomenta la autonomía de los niños.
  • Tienden a repetir el comportamiento una vez que se convierten en padres.
  • Daña su autoestima. Genera sensación de minusvalía y promueve expectativas negativas respecto a sí mismo.
  • Provoca comportamiento antisocial, aumenta la posibilidad de sufrir depresión y otras condiciones mentales durante la adolescencia y adultez.
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