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Vinculación de las maras con los
Vinculación de las maras con los "poderes ocultos"

Basado en artículo del Centro de Medios Independientes Guatemala.

Guatemala, Marzo 15 del 2016.- “Las maras terminan funcionando como apéndice de poderes paralelos que los utilizan con fines políticos. En definitiva: control social”

El instituto de Análisis e Investigación de los Problemas Nacionales de la Universidad de San Carlos de Guatemala (IPNUSAC) presentó una investigación sobre la relación entre las pandillas y poderes paralelos. El trabajo presenta algunas razones de la violencia, la participación de militares retirados o grupos organizados formados a través de los años.

Los grupos de maras funcionan como una familia sustituta de muchos jóvenes que llegan de hogares disfuncionales, la causa es una sumatoria:

  • Trasfondo de pobreza estructural e histórica sobre la que se articula una cultura de violencia dominante impuesta como norma del país, que se fortalece con un conflicto armado que alcanzó altos niveles de crueldad y que sirven ahora de pedagogía del terror.
  • Se suma a lo anterior la impunidad, debilidad o ausencia de políticas públicas del Estado, diferencias económicas entre sectores más favorecidos y la cantidad grande de pobres exclusivos, rupturas sociales producto de la guerra interna, movilización de los grupos campesinos hacia la ciudad y la salida hacía el extranjero como escape a la pobreza y precaria situación nacional.
  • El perfil de cada mara cambia conforme al tiempo: aumenta la agresividad comparada a la de los 80’s, las estructuras con lógicas contrainsurgentes se aprovechan de los jóvenes para sus operaciones delictivas.

Contextualizando el problema

Las maras existen en el país desde hace más de tres décadas, la evolución de ellas aumentó, las experiencias de los 80’s eran cuando a puño limpio los muchachos defendían sus territorios. Actualmente ya no son así.

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¿Son realmente las maras el problema a vencer en nuestra empobrecida sociedad post-guerra o hay ahí ocultas agendas mediático-políticas?

La constante de noticias por parte de los medios de comunicación ha terminado por convencer que la violencia o delincuencia tiene de rodillas a la población. Las estimaciones de la cantidad de mareros, según el informe, van desde 3,000 hasta 200,000.

Pese a la poca educación y marginación pues provienen de barrios pobres y sin proyecto de transformación político-social ha logrado tener en preocupación a la sociedad. Actualmente la situación causa un malestar sin establecer que la causa es la pobreza y la impunidad crónica.

Las maras no son autónomas, tienen una lógica de funcionamiento propia y responden a patrones que van más allá de sus integrantes: jóvenes cada vez más jóvenes, dudosa capacidad gerencial y estratégico-militar.

Una cuestionante apunta al por qué sí fue posible desarticular movimientos revolucionarios armados apelando guerras contrainsurgentes que no temieron arrasar poblados enteros, torturar, violar y masacrar para obtener una victoria en el plano militar.

¿A quién podría convenirle?

“Al estudiar las maras se rozan poderes que funcionan en la clandestinidad, que se sabe que existen pero no dan la cara, que siguen moviéndose con la lógica de la contrainsurgencia que dominó al país por décadas durante la guerra interna. Y esos poderes, de un modo siempre difícil de demostrar, se ligan con las maras. En otros términos: las maras terminan siendo brazo operativo de mecanismos semi-clandestinos que se ocultan en los pliegues de la estructura de Estado, que gozan de impunidad, que detentan considerables cuotas de poder, y que por nada del mundo quieren ser sacados a la luz pública. De ahí la peligrosidad de intentar develar esas relaciones”. – IPNUSAC.

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Un posible marco conceptual

En la década de los 80’s del siglo pasado, en un primer momento fueron jóvenes de sectores urbanos pobres, muchos casos deportados desde EE.UU quienes se unían ante su desprotección. Hoy son más que grupos juveniles y como lo parodia del  discurso mediático “la representación misma del mal, el nuevo demonio violento” según versiones oficiales repetido hasta por los medios de comunicación.

El análisis les permitió comprobar que se ha estado operando una profunda transformación de la composición y el papel social jugado por las maras. De grupos cercanos a salvaguardar el honor han ido evolucionando como indispensables del crimen organizado.

“Terminan funcionando como apéndice de poderes paralelos que los utilizan con fines políticos. En definitiva: control social”, los grupos juveniles delincuenciales en función de satisfacer algunas de sus necesidades.

Consecuencia y no causa

Un ex-pandillero con el que contactaron dijo al respecto:

“Las pandillas funcionan como un distractor dentro del sistema: mientras pasa cualquier cosa a nivel político, se utiliza la mara como chivo expiatorio y los titulares de la prensa o de la televisión no deja de remarcarlas como el gran problema”.

A modo de reflexión las maras no son delincuencia común, aunque delinquen igual que cualquier otro violando las normativas legales existentes, hay indicadores que sugieren que responden a patrones calculadamente trazados que van más allá de las maras mismas.

También desarrollan actividades delictivas, constituyen como mecanismos de terror que sirven para mantener desorganizadas, silenciadas y en perpetuo estado de zozobra a las grandes mayorías populares urbanas.

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La mara como “fuerza política de choque”

Los poderes se fueron enquistando en la estructura estatal, se mueven con una lógica castrense aprendida en los años de la guerra anti-subversiva y domina los ámbitos y todos de inteligencia militar.

Su espacio natural es la secretividad, táctica del espionaje, guerra psicológica y de baja intensidad (guerra asimétrica, como le llaman los estrategas, guerra desde las sombras, guerra clandestina).

Aclara que, si bien hay una lógica militar en juego, no significa que se trata de militares activos o de un proyecto institucional del ejército. Los actores implicados han guardado vínculos con la institución armada, pero no la representa de forma oficial.

A modo de conclusión

Advierten que las maras no constituyen un problema de seguridad ciudadana, se puede constatar que no existe preocupación en tanto proyecto de nación de los dirigentes ante la llamada ingobernabilidad.

Se les persigue de forma penal (a las maras) y al mismo tiempo el sistema aprovecha el fenómeno para: mano de obra disponible para trabajos de mafias en prácticas políticas (sicariato, zozobra social, desarticulación de organización social), como los que mantienen aterrorizada a la población por el bombardeo mediático constante, de esa forma evitar organización o movilización en pro de mejoras en condiciones de vida para la mayoría.

Las maras no dejan de ser aprovechadas por una lógica de mantenimiento sistémico, haciéndolas funcionar como mecanismo de continuidad del todo a través de sutiles (y muy perversas) agendas de manipulación social.

Finalizando, en tanto nuevo “demonio” mediático, estarían en definitiva al servicio de estrategias contra-insurgentes de control político y mantenimiento del orden social.

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