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Tierra para nosotras.
Tierra para nosotras. Foto: RECMURIC

Guatemala, 15 de Octubre de 2015 (Cerigua).- En Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua existen más de 10 millones de mujeres rurales que trabajan extensas jornadas en el campo y en labores del hogar, sin embargo su aporte a las economías familiares y a la seguridad alimentaria no son reconocidas como población económicamente activa, señala un informe elaborado por la Red Centroamericana de Mujeres Rurales, Indígenas y Campesinas (RECMURIC) y la organización Oxfam.

Tierra para nosotras.
Tierra para nosotras. Foto: RECMURIC

El estudio “Tierra para nosotras: Propuestas políticas de las mujeres rurales centroamericanas para el acceso a la tierra”, destaca que en todos los países las leyes actuales reconocen la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, sin embargo existe una profunda brecha entre la formalidad y la realidad, pues en la práctica las mujeres rurales cada vez tienen menos tierra, de peor calidad y con menos seguridad jurídica.

La mayoría de mujeres en Centroamérica cultivan tierra que no les pertenece sino que acceden a ella a través de alquiler, la mediería, el préstamo o el colonato, lo que implica que no pueden decidir libremente qué y cómo producir, no saben si el siguiente año podrán volver a sembrar y deben entregar una parte de la cosecha o los beneficios a los propietarios.

Según el documento, las mujeres apenas poseen el 12 por ciento de la tierra en Honduras y utilizan solo el 15 por ciento en Guatemala; en El Salvador solo el 13 de los títulos de propiedad están a nombre de una mujer y en Nicaragua el 23 por ciento de las explotaciones agrícolas son manejadas por esta población.

Con la expansión del monocultivo industrial, entre 1990 y 2010, las áreas destinadas al cultivo de caña y palma africana se duplicaron y cuadriplicaron en la región, por lo que resulta cada vez más difícil y más caro encontrar tierra para la siembra.

El informe destaca además que una mujer sin tierra está más subordinada al hombre y participa menos en las decisiones familiares y comunitarias; al no contar con bienes, propios, su posición de resguardo es más débil, lo que la hace más vulnerable a la violencia de género.

Facilitar el acceso de la tierra a las mujeres influiría positivamente también en su autonomía económica y en el bienestar de las familias, pues cuando las mujeres deciden sobre el gasto familiar, priorizan la inversión en alimentación, salud y educación; se incidiría también en la producción agrícola, lo que ayudaría a erradicar el hambre y la pobreza rural, a disponer de más alimentos y menores precios en los mercados y a mejorar el nivel de empleo e ingreso en las economías locales.

 

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