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Guatemala, 17 de Septiembre de 2015 (Cerigua).- La inseguridad alimentaria, provocada por los efectos de la sequía prolongada y los altos índices de violencia han generado la migración de miles de personas del Triángulo Norte de Centroamérica, destaca un estudio elaborado por el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y la Organización Internacional paras las Migraciones (OIM).

En el caso de Guatemala, el documento resalta que el país tiene la tasa de desnutrición crónica más alta a nivel de América Latina y el Caribe, de casi un 50 por ciento a nivel nacional; destaca además que los ciudadanos se ven obligados a emigrar debido a la carencia de comida y tierra para cultivar, la falta de empelo y a los grupos criminales, entre ellos las pandillas.

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La migración siempre se ha relacionado con las diferencias de ingresos entre los países, la inestabilidad socioeconómica y la presión demográfica; pero esta es la primera ocasión que la inseguridad alimentaria se ha identificado como un disparador de la migración, aseguró Miguel Barreto, director regional del PMA para América Latina y el Caribe.

El informe señala que el hambre y la violencia han provocado que las personas se muden del campo a la ciudad o hacia otros países como los Estados Unidos, en busca de mejores condiciones de vida; sin embargo el proceso de migración representa riesgos, pues en ocasiones los hogares contraen deudas y los individuos se exponen a situaciones de inseguridad.

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Si bien muchos son deportados a llegar a su destino o en puntos intermedios, agrega el estudio, muchos migrantes logran tener éxito y apoyar a sus familias mediante el envío de remesas, las que juegan un papel preponderante en las economías de sus países de origen.

El PMA en 2014 realizó una evaluación sobre la seguridad alimentaria entre las familias que resultaron vulneradas por la sequía, encontrando un alto porcentaje de hogares en los que al menos un miembro emigró en busca de empleo.

El organismo destaca que la prolongada y severa sequía en El Salvador, Guatemala y Honduras han afectado a los agricultores y sus familias que habitan el corredor seco, pues muchos de ellos únicamente logran una cosecha al año y actualmente luchan por recuperarse de las pérdidas del pasado año.

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El estudio refiere que también que la violencia podría ser un factor que influya en la migración exterior en el caso de Guatemala y Honduras, pero no necesariamente en El Salvador; en éste último podría explicarse el fenómeno por el hecho que algunas personas se han acostumbrado a la inseguridad y en algunos casos esta problemática no influiría en su decisión de migrar o no.

 

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