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Guatemala, 08 de Octubre de 2014  (Cerigua).- El tejido social comunitario en San Juan Sacatepéquez está roto y las subjetividades de la población están exacerbadas; el ejercicio de la libertad individual de trabajar en una empresa o de disponer de su propiedad para venderla a ella, enfrenta el sentimiento de traición de quienes asumen la lucha contra dicha empresa, con una convicción y arrojo militante, señaló Ileana Alamilla en su columna de opinión publicada en Prensa Libre.
A decir de Alamilla, los sucesos acaecidos en la aldea Los Pajoques, con saldo de once personas fallecidas y varias más heridas, han provocado innumerables noticias, declaraciones y comentarios; la tónica es similar, unos señalando la responsabilidad de otros.

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Quienes se han identificado con las luchas de las comunidades que resisten los megaproyectos han optado por quedarse callados o bien responsabilizar a quienes se alinean con la cementera, así como al Estado y, más específicamente, al gobierno, por lo sucedido, indicó.

Alamilla consideró lógica esta posición, ya que el dramatismo de lo ocurrido demuestra hasta dónde puede llegar la inconformidad social de algunos grupos importantes de comunitarios.

Quienes han apoyado la presencia de la empresa y, en general, simpatizan con el modelo extractivo que se está imponiendo en el país, encuentran el momento adecuado para evidenciar, primero el silencio de los activistas que defienden las luchas comunitarias el que califican de “cómplice” y, segundo, la barbarie a que pueden llegar las agresiones de que son objeto quienes contradicen las reivindicaciones comunitarias.

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Ambos bandos señalan las responsabilidades del gobierno en esta situación; en medio de una polarización social cada vez más pronunciada, este hecho y sus consecuencias atizan el fuego de la confrontación social, indicó Alamilla.

Para la columnista el gran ausente es el Estado, de cara a los derechos ciudadanos de los pobres y excluidos y de las aspiraciones de las comunidades que quisieran resolver los graves y ancestrales problemas que han enfrentado, ahora y siempre.

Quienes desde la comodidad de nuestras computadoras escribimos sobre el tema, nos expresamos con “hidalguía” e “indignación” ante estos hechos, pero siempre soplando la llama que contribuye al fuego, defendiendo abierta o solapadamente a unos, mientras que otros colegas hacen lo propio con los del bando contrario; la comunidad internacional que ha simpatizado con las luchas comunitarias estará “confundida”, tal vez recapacitando sobre cómo actuar con responsabilidad y no alinearse, desde sus escritorios, con la confrontación social en progreso.

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Lo más grave es que esta realidad de conflicto no es aislada; la tendencia va en aumento, aquí y en muchos lugares del día, todos hablan de diálogo y negociación, pero probablemente como el discurso políticamente correcto para tratar de hacer valer sus posicionamientos, concluyó Alamilla.

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1 Comentario

  1. Bueno,pensando sensatamente nadie que tenga conciencia puede actuar de esta manera, solamente a quienes les interesa es como quien dice unos necesitan que su pueblo se desarrolle mas hay otros que no les interesa; si bien es cierto que todos tenemos derecho a expresar nuestro punto de vista, también es cierto que no es justo estar provocando muerte entre los mismos pobladores.

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