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Guatemala, 31 de Julio de 2014 (Cerigua).-  Los restos óseos de diez mujeres y hombres, secuestrados a inicios de la década de los 80’s por fuerzas de seguridad del Estado, regresaron finalmente a su lugar de origen, San Juan Comalapa, donde fueron recibidos por un pueblo conmovido.
Integrantes de la Coordinadora Nacional de Viudas de Guatemala (CONAVIGUA), de la Fundación de Antropología Forense de Guatemala (FAFG) y el alcalde municipal, también los acompañaron en su último viaje.

De acuerdo con la información, publicada por el Centro de Medios Independientes (CMI), estas diez personas son parte de 220 osamentas que fueron exhumadas en Palabor-Tazbalaj, antes destacamento militar, ubicado en la entrada a San Juan Comalapa, entre los años 2003 y 2005.

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Muchas familias de Comalapa se involucraron durante estos años en los trabajos de excavación, motivadas por la esperanza de recuperar los restos de sus seres queridos, sin embargo, a la fecha sólo 39 han sido identificados, de los cuales muchos resultaron ser de otras regiones del país, como es el caso de seis jóvenes de la capital guatemalteca, desaparecidos en 1984, cuyos nombres aparecieron en el denominado Diario Militar o “Dossier de la Muerte”.

Durante los años 80 el ejército de Guatemala llevó a cabo innumerables actos de represión en el municipio de San Juan Comalapa, a través de una serie de estrategias de terror, intimidaciones, persecuciones, torturas y masacres, en contra de la población civil.

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En la entrada al pueblo el ejército colocó un destacamento militar, a donde eran llevados los detenidos de Comalapa y de otros lugares del país; eran torturados y muchos jamás salieron vivos de ahí, señala la información.

Testimonios de los familiares sobrevivientes narran la forma en que los soldados o miembros de la inteligencia militar, ingresaban a las casas de forma violenta, de día o  noche, o en la calle, asesinaban, masacraban o secuestraban a las personas.

Rosalina Tuyuc, coordinadora de CONAVIGUA, dijo “podemos decir que hoy es un día de misión cumplida… seguramente muchos de ellos nos hablarán mañana para decirnos que se sienten libres, porque ya no están amarrados de sus manos, de sus pies; no están vendados de sus ojos o de sus bocas; cada vez que se abre una fosa se abre una esperanza y cada vez que se cierra, también se cierra la esperanza”.

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A los sobrevivientes, “esposos, esposas, hijos, hijas, nietos, nietas, solo quiero decirles, que no debemos olvidar, porque cada uno de ellos fue grande, catequistas, cooperativistas, campesinos, grandes personajes que lucharon”.

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1 Comentario

  1. Dios quiera que todos vayan apareciendo, no quiero imaginar el tormento que sienten las familias al perder un ser querido del que no tengan más noticias.

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