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Guatemala, 09 de Abril de 2014 (Cerigua).- La publicidad, considerada por algunos autores parte de un sistema de comunicación y por otros como una técnica para condicionar la mente, o como una industria, una estrategia comercial de las empresas para dar a conocer un producto o un servicio y convencer a su consumo, no sería mala, sino tuviéramos que soportar a publicistas que recurren a mensajes, imágenes o lenguaje ofensivo y degradante, señaló Ileana Alamilla, en su columna de opinión.

Alamilla se refirió, en su espacio “Eclipse”, publicado en Prensa Libre, a la publicidad, algunas veces con mensajes agradables y aceptables, que hasta fomentan algunos valores, otras, aburridos y cansones, que incluso logran un efecto contrario al que intentan: convencer al consumidor.

La vida de los guatemaltecos está excedida de publicidad de todo tipo y eso que todavía los políticos no se han atrevido a intensificar su campaña propagandística que aturde y desespera; sin embargo hay propaganda que provoca alarma: la que motiva al consumo de armamento y hay empresas que hacen “gala” de su imaginación para ofrecer sus productos de “primera necesidad en Semana Santa”, subrayó la columnista.

La periodista destacó como, con lenguaje chusco y ofensivo se ofertan pistolas, ballestas y rifles que no matan pero “dejan un gran morete”.

En Guatemala hay miles de muertos al año, mujeres descuartizadas, niños asesinados en una sociedad violenta, que lo menos que necesita son esos “juguetes para hombres” señaló Alamilla e hizo referencia a la Unión Guatemalteca de Agencias de Publicidad que indica “la comunicación es capaz de desencadenar reacciones de consecuencias considerables”.

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