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Guatemala, 27 de Enero de 2014 (Cerigua).- Un reciente artículo presentado por el Foro de Oslo señala que el poder y las influencias políticas del narcotráfico sirvieron para que luego de la Firma de la Paz se estancaran procesos claves como las reformas policiales y programas de beneficio a las comunidades.

El estudio, titulado “Strengthening mediation to deal with criminal agendas”, aborda como las agendas criminales pueden representar un problema para los conflictos en la región y los procesos para resolver éstos; cita como ejemplo a Guatemala, país donde los efectos de una guerra civil que duró 36 años continúan sintiéndose en la actualidad.

El no tener en cuenta las agendas criminales en la mediación de los conflictos armados puede generar peligro, destacó el informe, que además refiere que la organización de estos grupos puede afectar por mucho tiempo a Colombia, si no son tratadas en las negociaciones entre el gobierno y la guerrilla.

Durante el conflicto en Guatemala se desarrollaron fuertes vínculos entre los militares y las redes de tráfico de droga, y tras la firma de los acuerdos de paz los traficantes ricos se convirtieron en financistas políticos claves, al hacer esto, ellos pudieron subvertir las reformas policiales y judiciales, así como los intentos de ofrecer servicios a las comunidades marginadas, indicó la publicación.

Asimismo, afirma que la conexión más obvia entre la guerra y las agendas criminales, las oscuras redes de las fuerzas de seguridad involucradas en el crimen organizado, se han desvanecido en gran medida, pero Guatemala continúa sintiendo el impacto de estas conexiones.

Las fuerzas de seguridad sufren de corrupción endémica y clanes del narcotráfico dominan grandes extensiones del país, mientras que los carteles mexicanos también han echado raíces; el resultado es una gran impunidad y una de las tasas de homicidios más altas del mundo, añade el estudio.

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