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Guatemala, Noviembre 26 del 2012 (CERIGUA).- En lugar de hacer actividades propias de la niñez, cientos de niños y niñas de occidente participan en la venta de gasolina que ingresa al país de forma ilegal, lo que los coloca en riesgo y vulnerabilidad, según un reportaje publicado en elQuetzalteco.

De acuerdo con la investigación, elaborada por el periodista Fred Rivera, las orillas de las carreteras en los diferentes ingresos a Quetzaltenango e incluso en el Centro Histórico, se han convertido en el escenario de vendedores de combustible ilegal procedentes de México, quienes utilizan a menores de edad para ofrecerla.

Según la publicación, en este departamento existe una red de contrabandistas de combustible que opera en total ilegalidad, sin que las autoridades impulsen acciones para erradicarla, por el contrario se sabe que existe complicidad.

Estas entidades delictivas utilizan a niños y adolescentes como distribuidores del carburante al menudeo, sin tomar en cuenta que ponen en riesgo su vida, además de ser  considerada por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), como una de las peores formas de empleo infantil.

Una niña de 10 años dijo que no tiene tiempo para estudiar, ni jugar con sus amigos, pues se dedica a ofrecer gasolina en un bote de plástico; no está consciente que la acción que realiza es ilegal, por el contrario, considera que es un trabajo ordinario con el que ayuda a sus padres al sostenimiento del hogar.

El auxiliar de la Procuraduría de los Derechos Humanos (PDH) en Quetzaltenango, Rudy Castillo, confirmó la participación de los menores de edad en los expendios improvisados de gasolina ilegal e indicó que estos lugares son operados por una red de tráfico que aumenta su presencia en el departamento, San Marcos y Huehuetenango.

Castillo dijo que el fenómeno es tan fuerte que ha escapado de las manos de las autoridades, por lo que siguen proliferando estos negocios ilegales.

La OIT destaca que el trabajo infantil adopta formas diferentes, sin embargo, una prioridad para los Estados es la eliminación inmediata de sus peores formas, las cuales constituyen un peligro latente a la vida de miles de niños y niñas en Guatemala y en el mundo.

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