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Guatemala, Noviembre 06 del 2012 (CERIGUA).- La Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala (ODHAG) presentó este martes un informe sobre la violencia en el país, en el cual se aborda el tema de la violencia y las repercusiones psicológicas que tienen sobre la población.

Mariano González, investigador y redactor del estudio, indicó que en cinco años se han producido 118 mil víctimas directas en relación con los crímenes de homicidios, lesiones, vehículos robados y violaciones, lo que representa una cantidad considerable de personas afectadas; añadió que el fenómeno de la violencia es más complejo de lo que se discute en la opinión pública.

González afirmó que actualmente existe una especie de violentización de la realidad social guatemalteca, que se expresa principalmente  en el aumento de índices delincuenciales así como otras expresiones de violencia como el acoso escolar o laboral, lo cual ha llegado a producir un proceso de traumatización  psicosocial.

Entre  las hipótesis que maneja el informe sobre el aumento de la violencia en el país se encuentran los factores políticos, como la corrupción o ineficiencia del Estado; los factores internacionales, siendo estos la transnacionalización del crimen organizado y las políticas para su combate; los factores sociodemográficos, desigualdad, pobreza y problemas asociados; factores históricos, el conflicto armado; y factores ideológicos como el individualismo y el consumismo.

El autor del informe expresó que, además de estos, existen una serie de factores psicológicos que hacen que las personas puedan participar en hechos de violencia, como por ejemplo, el “aprendizaje vicario”, el cual indica que las personas pueden aprender a través de refuerzos o castigos que le suceden a otras personas y con los altos índices de impunidad que existen en el país,  entienden que pueden delinquir sin que exista castigo.

Finalmente, los efectos que se producen a raíz de los hechos de violencia son las heridas individuales, como el duelo por un familiar o allegado fallecido de forma violenta; el miedo e inseguridad, común en la capital pero es una conducta problemática; las distorsiones cognitivas, desconfianza hacia los demás; la normalización y legitimación, como la implementación de colonias cerradas o colocación de barrotes en comercios; la construcción de otredades negativas, que a decir de Gonzáles, es cuando la violencia hace buscar “chivos expiatorios”, para justificar la violencia a un grupo o ente; finalmente el ejercicio de  violencia continuado hace que las personas sean más proclives a cometer hechos delincuenciales o violentos.

En torno al papel de la prensa en el clima de violencia, el informe indica que los medios de comunicación se asemejan a una caja amplificadora del problema y el efecto pragmático de informar de un hecho de violencia aumenta la sensación de preocupación y de inseguridad de la población, sobre todo cuando se hace desde una perspectiva irresponsable y amarillista.

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