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Niñez desaparecida durante la guerra en Guatemala, una tarea inconclusa

Julia tiene apenas dos años y queda sola ante su rancho en llamas. “No la mate, no tengo hijos, regálemela” dice un guardia civil para impedir el machetazo de un soldado. Dos décadas después de ese espontáneo acto de humanidad encontraría a su padre biológico que había logrado huir del ataque a su aldea.

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Niños de Guatemala: ayer, víctimas de la guerra; hoy, de la violencia urbana y la pobreza. Este joven, sin hogar fijo, escapó apenas a un tiroteo. (Reuters)

¿Cuántos tuvieron una suerte similar? ¿Dónde están? El programa Todos por el Reencuentro, de la Liga Guatemalteca de Higiene Mental, busca respuestas desde hace 11 años.

El devastador terremoto en Haití nos recordó hace poco cuán vulnerables son los niños sin vínculo familiar. A diferencia de esa catástrofe natural, muchas víctimas en Argentina, Chile, El Salvador o Guatemala comparten el mismo dolor: sus hijos o nietos desaparecieron y aún no pueden celebrar el reencuentro o aceptar el duelo infligido por las dictaduras militares o los conflictos armados. Otros hechos reclaman la atención de las cámaras y de la prensa en general.

En casa quedan las organizaciones empeñadas en seguir buscando. “Es necesario curar las heridas humanas que han separado a las familias por desaparición forzada o por circunstancias propias de la guerra civil de 36 años (1960-1996) dice a swissinfo.ch el psicólogo y director de la Liga Guatemalteca de Higiene Mental Marco Antonio Garabito durante una breve escala en Suiza tras visitar a guatemaltecos (as) adoptados en Francia y Bélgica.

¿Por qué me abandonaron?, ¿Por qué no volví a buscar a mi hijo, aunque me hubieran matado? Estos dos síndromes: el del abandono y el de culpabilidad marcan los días de las víctimas, señala Garabito al tiempo de precisar con optimismo moderado que en este difícil proceso de diagnóstico, averiguación y reencuentro han logrado resolver 276 de los 1.200 casos registrados por el Programa Todos por el Reencuentro.

El caso de Julia abrió la puerta a una especie de cascada

Según cálculos independientes, 5.000 de los 45.000 desaparecidos son niños dados, regalados a hogares circunstanciales, entregados ilegalmente a familias extranjeras o tal vez muertos. “Hay que reconocer que las familias hicieron su propio esfuerzo desde la soledad para buscar a sus hijos desaparecidos y algunos lograron encontrarlos. Cuando surge el programa, en mayo de 1999, se sienten acompañados y crece su confianza”, cuenta Garabito.

La reacción providencial del guardia civil de 20 años Pedro Cis y la acogida de su esposa Elena –a la sazón de 15 años-, salvaron la vida de Julia, cuyo padre nunca cesó de buscar a los cuatro hijos arrebatados por la crueldad del conflicto. Había superado el miedo de la pos guerra y se acercó al programa. Un año y medio después de hacerlo, la casualidad puso a Pedro y Elena en el camino de dos trabajadoras del programa: un aventón en la carretera, pregunta va, respuesta viene y el júbilo. Esa era la pareja con la cual se había criado Julia.

En octubre del 2000, su padre la abraza con estas palabras. “Ustedes son testigos de que mi hija ha resucitado”. Dos de sus otros tres hijos fallecieron en el bosque y a uno siguen buscándolo. Aquel primer reencuentro “abrió la puerta a una especie de cascada” de casos, señala Marco Antonio Garabito, más conocido por Maco en las 280 aldeas en las que trabaja.

Con el paso de los años unas 500 familias comprometidas en la búsqueda se han asociado en una entidad que gana terreno político para apuntalar el empeño humanitario de Todos por el Reencuentro. La meta está puesta en un futuro que permita exigir cuentas judiciales e históricas a quienes han atentado contra la niñez guatemalteca.

Rasgos mayas en el extranjero

Muchos niños capturados en operativos militares para desalentar a la oposición en las aldeas más alejadas viven hoy en familias cuyos rasgos somáticos no son mayas. A esos menores usados como estrategia de amedrentamiento los declaraban en abandono, figura legal que con la complicidad de abogados y miembros del ejército permitió lucrar dándolos en adopción a familias extranjeras. “Tenemos identificados a varios de esos culpables”, pero aún no nos es posible llevarlos ante la justicia”, admite nuestro entrevistado con pesar.

El Programa Todos por el Reencuentro cuenta en sus registros 221 casos de niños y niñas incrustados en las sociedades de Canadá, Estados Unidos, Francia, Bélgica, Italia, Noruega, Holanda, Dinamarca, Suiza y alguno más. Sus rasgos mayas han creado en ellos una identidad disociada que les empuja a preguntarse sobre sus orígenes. Necesitan saber de dónde son y si tienen familiares biológicos para su mejoramiento emocional, advierte el director de la Liga Guatemalteca de Higiene Mental.

En esta perspectiva se ha alentado la creación de organizaciones de guatemaltecos (as) adoptados en esos países. El reunirse, buscar explicaciones, informarse sobre sus parientes y eventualmente tomar contacto con ellos, facilita el desenvolvimiento de sus vidas en las sociedades que ya son suyas, sean francesas, danesas, suizas u otras. “Estamos tratando de organizar un encuentro de ellos en Guatemala. Ojalá podamos realizarlo a fines de este año”, anuncia el psicólogo.

La niñez en Guatemala es población marginal

Los acuerdos de paz suscritos por la guerrilla y el gobierno el 29 de diciembre de 1996 silenciaron oficialmente las armas, pero aún persisten las secuelas psíquicas y económicas en una población apretada por la violencia y la injusticia. “Habría que invertir en la niñez y la juventud para tener dentro de dos generaciones una sociedad diferente, pero no hay voluntad política, porque el niño no vota y, por ende, no entra en los planes de los gobiernos electorales”, dice con pesar nuestro interlocutor.

“Se achaca a la guerra civil el resquebrajamiento, pero la crisis en Guatemala es histórica. El racismo, la discriminación y la polarización social tienen 300 años de vida colonial y luego de gobiernos liberales cafetaleros. La guerra agudizó esas condiciones y en el calor del conflicto surgieron mecanismos vinculados al crimen organizado. Guatemala es un país altamente penetrado por el narcotráfico”, refiere Marco Antonio Garabito.

No obstante, resalta la indomable voluntad de su pueblo para sobreponerse a las catástrofes naturales y a los esquemas de control político militar que durante décadas manejaron el Estado. En su paso por Berna, Lucerna y Zúrich expuso la realidad guatemalteca a miembros de la red solidaria Guatemala Netz y HEKS. “La ciudad de Guatemala no refleja el cuadro del país” explica al ponderar los valores intactos de solidaridad y sentimiento comunitario en el área rural.

Se declara partidario de que la ayuda externa vaya al terreno para convencerse de que llega a los destinatarios “porque en los informes escritos se pueden decir muchas cosas”. HEKS lo hace desde hace muchos años en este programa de búsqueda y acompañamiento psicosocial a la niñez perdida y a sus familias. “Pensamos hacerlo hasta 2015” nos dice al despedirse.

Juan Espinoza, swissinfo.ch, Lucerna

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1 Comentario en “Niñez desaparecida durante la guerra en Guatemala, una tarea inconclusa”

  1. […] to terrorize their supposed enemies on the political Left. As the human rights groups Todos por el Reencuentro has documented, thousands of children were disappeared during the civil war in Guatemala, beginning […]

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